En el momento en el que comienzo a escribir esta entrada, quedan 92 horas y 41 minutos para la final de la Copa del Mundo de fútbol, unos 3,8 días. Ese intervalo de tiempo puede ser mucho o poco según se mire. En cosmología o geología es prácticamente nada. En otros ámbitos puede ser gigante. Por ejemplo, llegar a una cita 3,8 días tarde o estar sin dormir tal cantidad de tiempo es excederse a niveles obscenos.
Volviendo a la final, en ella se enfrentan España y Argentina, y tengo una sensación un poco extraña con este partido, casi nostálgica. Como si llevase toda la vida esperándolo y, una vez termine, el fútbol ya no fuese a ser igual. ¿Cómo interesarse por un partido de liga después de esto?
En cualquier caso, no le auguro al fútbol una muerte repentina. Las cosas con estructuras complejas y distribuidas suelen desaparecer de forma lenta y progresiva. Tras siglos de cambio, se acaban convirtiendo en algo distinto por simple inercia evolutiva.
Por ejemplo, si viajáramos al año 5000, posiblemente el fútbol haya dejado de existir tal y como lo conocemos. Desde esa fecha, podríamos revisar el pasado en un intento por encontrar el momento exacto en que esto ocurrió, pero lo único que hallaríamos es una acumulación de modificaciones y cambios de normas que hacen que el producto resultante se parezca cada vez menos al fútbol actual. Poco a poco, esa cosa evolucionada, aunque conservase matices, se iría convirtiendo en un deporte claramente distinto.
Esto, como digo, no ocurre solo con el fútbol; los imperios, las especies y los continentes también evolucionan de esa manera.
Las personas no llevamos bien eso de no poder trazar fronteras claras entre categorías. Los espectros difusos son incómodos porque nos obligan a aceptar zonas grises. Y, por lo que sea, eso nos jode bastante. La clave podría ser pensar en pesos en lugar de en fronteras.
Por ejemplo: A la pregunta «¿Crees en Dios?» no contestamos «sí», «no» o «argg, yo qué sé», sino: «Le doy un peso de 17 sobre 100 a la existencia del Altísimo».
O ¿ese deporte del año 2500 sigue siendo fútbol? Nada de responder «Uff, se parece un poco». Miras fijamente a tu interlocutor y le sueltas «es fútbol en un 47 sobre 100». Y luego te piras. Y así con cada cosa de la vida. El sistema sirve para todo: probabilidad de que algo ocurra, grado de creencia, pertenencia a una categoría…
Recomiendo no dar pesos de todo o nada. Aunque algo parezca que tiene una evidencia nula o total, es conveniente aplicar la regla del punto ciego, del nunca se sabe, del cisne negro y del perro volando.
Por otro lado, si una escala de 100 enteros nos parece demasiado grosera, podemos aumentar su resolución para representar mejor los valores extremos. Por ejemplo, «confío en mi pareja 993 sobre 1000», «le doy un peso de 1 sobre un trillón a que ese tío me gana al ajedrez», «hay INH operando en la Tierra con un peso de 7 sobre 10000». Y así.
Bueno, creo que ya ha quedado claro el funcionamiento del infalible sistema. En el momento en el que termino de escribir esta entrada, solo faltan 3 horas y 1 minuto para que comience la final. Le doy un peso de 57 sobre 100 a que España gana a Argentina.

